Esta triste historia está basado en hechos reales, aunque omitiremos nombres reales de personajes, compañías y productos.

Un desarrollador web, al que podemos llamar por ejemplo Gonzalo (ese soy yo), trata cara a cara con otra persona de otra empresa, de otro departamento,… sobre unas páginas en concreto y la resolución de pantalla “óptima”.

En este caso concreto, la información que ha pasado otro departamento, sobre la resolución de pantalla de los clientes, nos indica que suele ser el  igual o superior a los 1024 pixels de ancho.

En la página que estamos viendo, en 800×600 se produce un escandaloso, antiestético y anti-todo-lo-bueno-que-se-te-ocurra scroll horizontal que oculta buena parte de la información.

Muestro mi disconformidad ante este duro ataque directo a mis principios sobre el desarrollo web, y a los usuarios-clientes, que en el fondo es lo que importa. Pero aunque la orden venga de arriba, yo soy el que tiene que hacer el código.

La respuesta, es que los usuarios se pueden comprar monitores más grandes, porque en tal sitio (gran superficie) ahora un monitor decente cuesta unos ciento veinte euros.

Y yo me callé, pero me dieron ganas de…

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