¿Todos los caracoles se mueren siempre? Cómo tratar la muerte en la educación infantil.
La muerte: ¿tabú o imperativo educativo?
A. de la Herrán, I. González, M.J. Navarro, S. Bravo, M.V. Freire
Evitar o distorsionar la educación para la muerte es no educar para la vida. El camino es la coherencia, de dentro a fuera: primero, reflexionar y madurar nosotros. Después, orientar respetuosamente las elaboraciones del niño.
I INTRODUCCIÓN
Una situación paradójica
La muerte es...
Una cuestión tan central como evitada.
Un asunto relegado hasta la indiferencia.
Una pregunta, más que una respuesta.
Un patrimonio secreto de la humanidad.
Incompatible con la macdonalización social y de la educación.
Un eje de la vida humana.
La clave de la posible evolución humana.
Un prólogo, más que un epílogo.
Un reto perenne para todos.
Pero, a pesar de ello:
Es un tema que no se aborda con profundidad.
Desde el punto de vista de la conciencia, es un imperativo intentarlo.
Quizá sea uno de los contenidos más formativos y globalizadores.
Parece lógico reflexionarlo en todos los niveles educativos.
La educación como queso gruyere
Para desarrollar este planteamiento, quizá sea útil concebir la educación y la formación docente como un gran queso gruyere, repleto de agujeros, de asuntos pendientes, caso todos ellos relacionados con la madurez personal y la posible evolución del ser humano. Sobre el tema de la muerte encontramos coladeros de dos clases:
No se previene.
No se ofrecen pautas que ayuden a paliar desde la escuela.
Abriendo rutas
Con la atención puesta en la planificación curricular, nos parece necesario:
Profundizar en la observación de la comprensión del niño.
Trascender los temas transversales: de la mera funcionalidad a la utilidad, profundidad natural incluida.
Revisar la formación de los maestros: De atención a lo objetal (acción docente, currículo, niño, etc.) a la madurez y cultura (cultivo) personales.
Relacionar ámbitos del conocimiento (didáctica, psicología, orientación educativa, antropología, mística, tradiciones culturales diversas...), en función de la realidad transdisciplinar a que nos referimos, más allá de las identificaciones proxémicas, egocéntricas y narcisistas, verdaderos frenos del conocimiento.
Estrechar la relación teoría-aplicación, mediante el conocimiento y la transformación interior y exterior.
Sintetizar didáctica y currículo, mediante la atención puesta en la complejidad.
Integrar la muerte con la vida en un ciclo evolutivo personal y general, desde la conciencia (teilhardiana) de que el eslabón perdido somos nosotros.
Coordinar necesidades educativas con la planificación curricular.
Aplicar propuestas didácticas naturales al tema de la muerte.
Condensar pasado potenciado con futuro en potencia en un presente orientado, necesaria pero no solamente anticipante.
¿Con qué objetivo?
Apuntar análisis que favorezcan la normalización del tema que nos ocupa y proporcionar recursos metodológicos válidos para la práctica de la Educación.
Observación fundamental
Para ello, nos parece necesario que previamente cada quien lo haya integrado formativamente en su propio mundo de vivencias de una manera natural, coherente y consciente en su enseñanza.
II PROPUESTAS
Cambio de óptica sobre el curriculo y de mentalidad docente
Actualmente, el currículo ofrece dos clases de ámbitos: áreas curriculares y temas transversales. La muerte atraviesa a todos los transversales sin ser área, es por tanto espiral o radical a todos ellos, define una tercera dimensión temática, capaz de aportar profundidad u hondura, algo que en esta sociedad de la rentabilidad y de la prisa, sin duda choca.
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